El flex living está dejando de ser un nicho para convertirse en una pieza cada vez más visible dentro del mercado living español. Según la Flex Living Investor Survey 2026 de CBRE, los inversores encuestados disponen de más de 3.000 millones de euros de equity para desplegar en este segmento durante los próximos cinco a siete años. Más de la mitad aspira, además, a construir carteras superiores a 1.000 unidades. (CBRE)
El dato ayuda a entender el cambio de escala. El interés ya no se concentra únicamente en desarrollar activos aislados, sino en crear plataformas y carteras capaces de crecer, profesionalizar la gestión y atraer capital institucional. Al mismo tiempo, ese crecimiento eleva las exigencias: ubicación, precio de entrada, regulación y capacidad operativa empiezan a ser tan importantes como identificar una tendencia de demanda.
Qué es el flex living y qué demanda intenta cubrir
De acuerdo con la propia CBRE, el flex living engloba distintos formatos de alojamiento flexible, desde el coliving urbano hasta soluciones de corporate living o vacation living. Su rasgo común es ofrecer estancias de duración flexible junto con servicios y espacios compartidos, aunque la configuración concreta depende del activo y de su marco urbanístico.
No debe confundirse con el build to rent –BTR–. Este último se basa en vivienda residencial diseñada específicamente para alquiler, mientras que una parte relevante del flex living se desarrolla sobre suelo terciario y puede operar bajo normativa de hospedaje. Eso permite atender una demanda temporal procedente de perfiles como profesionales desplazados, expatriados o personas que atraviesan etapas transitorias, pero también introduce una mayor complejidad operativa y regulatoria.
Tampoco es una alternativa equivalente a la vivienda convencional. Puede ampliar las opciones de alojamiento para determinadas necesidades, pero no sustituye la oferta residencial permanente.
De 16.500 a más de 40.500 camas
La expansión de la oferta refleja el crecimiento del segmento. CBRE estima que el stock operativo de flex living en España se ha multiplicado por ocho desde 2020, hasta alcanzar alrededor de 16.500 camas, mientras el pipeline podría elevar esa cifra por encima de las 40.500 en 2028.
El crecimiento procede de varias vías: promociones de nueva construcción sobre suelo terciario, adquisición de activos ya operativos y reconversión de edificios con otros usos, especialmente oficinas.
Esta última estrategia ayuda a explicar el interés de los inversores value add –aquellos que buscan crear valor mediante el desarrollo, transformación o reposicionamiento de un activo–, que siguen predominando en el sector. Sin embargo, CBRE detecta también una participación creciente de perfiles core y core plus, habitualmente asociados a estrategias de menor riesgo relativo.
La evolución transaccional confirma ese avance. El flex living alcanzó 790 millones de euros de inversión en 2025 y, solo durante el primer semestre de 2026, sumó otros 400 millones, principalmente en proyectos situados en áreas periféricas de Madrid.
Madrid lidera, pero el capital busca nuevas ciudades
Madrid continúa siendo el principal mercado: el 100% de los inversores consultados por CBRE la identifica como destino prioritario.
Sin embargo, el crecimiento empieza a extenderse. El grupo de ciudades Tier II –Valencia, Málaga y Bilbao– alcanza un 91% de preferencia, frente al 30% de las ciudades Tier III y el 24% de Barcelona.
La tendencia muestra que el capital empieza a buscar escala fuera del principal mercado español, aunque cada ciudad presenta dinámicas de oferta, regulación y demanda diferentes.
Ese proceso ya era visible en los datos de 2025. Como explicamos anteriormente en el blog de Urbanitae, el flex living había crecido con especial intensidad dentro del residencial operacional, con un fuerte aumento del stock y del pipeline previsto.
Por qué atrae al inversor
CBRE identifica tres ventajas principales frente al BTR. Un 36% de los encuestados destaca la posibilidad de incorporar estancias más cortas; un 33%, una mayor flexibilidad para actualizar las rentas; y un 32%, el menor coste que puede presentar el suelo terciario respecto al residencial.
Pero estas ventajas tienen contrapartidas.
Una mayor rotación permite adaptar precios y duración de las estancias, pero también puede aumentar los costes operativos. El suelo terciario puede reducir el precio de entrada, pero obliga a analizar con especial cuidado qué usos permite el planeamiento. Y una mayor flexibilidad contractual no significa que las rentas puedan crecer indefinidamente: ocupación, competencia y capacidad adquisitiva de los usuarios siguen marcando límites.
Por eso, el flex living tiene un componente operativo más intenso que un alquiler residencial convencional. No basta con disponer de un buen inmueble. La capacidad del operador para gestionar ocupación, rotación, servicios, precios y costes forma parte central de la tesis de inversión.
De proyectos aislados a plataformas institucionales
La entrada de grandes inversores ayuda a entender hasta qué punto el mercado está ganando escala.
En junio de 2026, Bain Capital anunció junto a Momentum y la operadora Episode el desarrollo de 3.500 nuevas unidades, con una inversión aproximada de 600 millones de euros entre capital y deuda. La alianza ya gestionaba alrededor de 1.600 camas y prevé construir un portfolio conjunto valorado en unos 800 millones.
El modelo también ilustra la creciente especialización del sector: Bain aporta principalmente el capital, Momentum desarrolla los proyectos y Episode se encarga de la operación. No es un caso aislado. Grupo Lar y JP Morgan trabajan en otra cartera de aproximadamente 5.000 camas y una inversión cercana a 600 millones.
CBRE refleja la misma búsqueda de escala: las operaciones de entre 30 y 50 millones de euros concentran casi la mitad del interés de los inversores, mientras aproximadamente un tercio se sitúa entre 10 y 30 millones.
Océanika: reconvertir un activo para un nuevo uso
Urbanitae también ha participado en este segmento. El proyecto Océanika, en Torremolinos, planteó la adquisición y transformación de un antiguo hotel en un complejo de flex living de 180 habitaciones y 210 camas, acompañado de una mediana comercial de más de 2.000 metros cuadrados.
La operación es un ejemplo de una de las estrategias que están impulsando el sector: reconvertir un activo existente para adaptarlo a nuevas formas de alojamiento. En este caso, el proyecto combinaba además promotor, financiación bancaria, operador especializado y salida prevista a un comprador institucional.
Más capital, pero también más exigencia
El crecimiento del flex living no elimina las dificultades para ejecutar las operaciones. Según CBRE, la principal barrera para los inversores es encontrar activos bien ubicados –36% de las respuestas–, seguida del precio de adquisición –31%– y de la regulación –17%–.
Esta última resulta especialmente relevante porque el flex living no constituye una categoría jurídica homogénea en toda España. El uso permitido y las condiciones de explotación dependen del tipo de suelo, del activo y de la normativa autonómica y municipal.
El mercado entra así en una fase distinta. La oportunidad ya es conocida y el capital está disponible. El reto pasa por encontrar activos a precios adecuados, conseguir escala sin sacrificar ubicación y contar con operadores capaces de convertir la flexibilidad del producto en ocupación e ingresos sostenibles.
El flex living está ganando peso dentro del inmobiliario español, pero su consolidación dependerá menos de que continúe creciendo el interés inversor y más de cómo se ejecuten los proyectos. A medida que entra más capital, la diferencia estará cada vez más en el activo, la regulación, el precio de entrada y la calidad de la gestión.




