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¿Hasta dónde llegará la inflación?

La inflación anual llegó al 10,2% en junio, según el dato adelantado del INE. De confirmarse, España estaría ante su peor dato desde abril de 1985. En la zona euro, el alza de precios en junio se estima en el 8,6% anual, un nuevo récord. Tras más de un año de subidas y en un contexto marcado por la incertidumbre, surge la pregunta obvia: ¿hasta dónde llegará la inflación? Y ¿cuándo comenzará a bajar?

Todo empezó en enero de 2021, cuando cambió la tendencia. Después de cinco meses de tasas negativas, el IPC de la eurozona subió al 0,9% en enero del año pasado. Por entonces, el consenso apuntaba a una subida coyuntural, fruto de la vigorosa recuperación del consumo tras un año de confinamientos. Martin Moryson, economista jefe de DWS Group, señalaba entonces que “en el medio plazo, dos o tres años, es poco probable que la inflación suba con fuerza”

En efecto, el levantamiento de las restricciones impuestas durante 2020 hizo que se retomaran actividades que se habían desplomado, como viajar o comer en restaurantes. Además, la gente empezó a comprar más cosas con el dinero ahorrado. Al mismo tiempo, esa mayor demanda debía satisfacerse con unas cadenas de suministro oxidadas por el covid. 

Los primeros problemas surgieron por la escasez global de chips, que dura hasta hoy. De nuevo, la pandemia fue determinante. El auge del teletrabajo multiplicó la demanda de ordenadores y otros productos electrónicos. Las tensiones comerciales entre China y Estados Unidos agravaron la crisis. Siendo como son los chips un componente esencial para más de un centenar de industrias, la escasez de semiconductores generó notables problemas en sectores como la automoción.

El tercer ingrediente, como relata el Banco Central Europeo (BCE), fue el encarecimiento de los precios de la energía. En los 12 meses previos a diciembre de 2021, las importaciones de energía en la zona euro multiplicaron su precio por más de dos. Si hasta entonces los precios de la producción nacional de energía no habían variado más de un 10% anual, el pasado diciembre acumulaban una subida del 73%. 

Y luego llegó la guerra. Al terrible coste humano, la invasión rusa de Ucrania suma haber agudizado la tensión en los mercados energéticos y creado una tremenda disrupción en la distribución de alimentos. En consecuencia, lo que hace unos meses parecía aún un fenómeno temporal, se ha convertido en un problema de primera magnitud… y duración incierta. 

¿Hemos tocado techo?

En este contexto, parece difícil hacer vaticinios, pero podríamos estar cerca del tope máximo. Los bancos centrales ya han comenzado a mover ficha. La Fed ha subido los tipos de interés en 150 puntos básicos, hasta el rango 1,5-1,75% –su nivel más alto desde 1994–. El BCE ya ha anunciado una subida del 0,25% para este mes de julio y avanzado un alza mayor previsiblemente en septiembre. A ellos se han sumado ya los bancos centrales de Reino Unido, Suecia, Suiza, Noruega, Australia, Nueva Zelanda o Canadá.

En sus proyecciones de junio, el Banco de España prevé que el crecimiento del IAPC –el IPC armonizado según los criterios de la zona euro– ascienda al 7,2% en 2022. Los precios se contendrían hasta el 2,6% en 2023 y el 1,8% en 2024 “bajo el supuesto de que los precios de la energía se moderarán como apuntan los mercados de futuros y de que los fenómenos de realimentación entre inflación de precios y de salarios tendrán un alcance muy contenido”.

Por su parte, el BCE considera en su análisis más reciente que la inflación promediará un 6,8% en 2022 en la eurozona. “Las presiones sobre los precios seguirán excepcionalmente altas a corto plazo, debido al alto precio del petróleo y el gas, y al alza en el precio de los alimentos, fuertemente afectados por la guerra en Ucrania, así como los efectos de la reapertura de la economía y la escasez global de suministros”. En 2023, la inflación bajará al 3,5% y al 2,1% en 2024, según el organismo. 

Así pues, 2022 será el año más difícil para la inflación… si no ocurren más sorpresas. 

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