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¿Hasta dónde llegará la inflación?

Nota: Este post fue publicado originalmente el 6 de julio de 2022. Se ha actualizado para reflejar los últimos datos disponibles.

Agosto ha dado un respiro a la inflación, aunque pequeño. Según el dato avanzado por el INE, el aumento de los precios en agosto se situó en un 10,4% interanual. En julio, la inflación había alcanzado el 10,8% en tasa anual. La mala noticia es que la inflación subyacente –que excluye los alimentos no elaborados y la energía– subió tres décimas, hasta el 6,4%, el máximo en casi 20 años.

Ciertamente, los datos nos retrotraen a épocas pasadas. La última vez que la inflación estuvo tan alta Irán e Irak estaban en guerra, la perestroika no había comenzado en la Unión Soviética y en la selección española de fútbol jugaban Santillana y Camacho. Muchos ni siquiera lo recordarán, pero hubo una época –octubre de 1984– en la que los tipos de interés superaban el 14%… 

Hoy, el euríbor a un año no llega al 1% –aunque en marzo aún era negativo… ¡desde febrero de 2016!–, aunque el Banco Central Europeo (BCE) ya ha subido los tipos. De hecho, el banco central sorprendió con la magnitud de la subida en julio: 50 puntos básicos –era la primera alza en 11 años y la mayor en 22–, lo que sitúo el tipo de referencia en el 0,50%. Y no será la última. 

No es de extrañar que la economía vuelva a figurar entre las principales preocupaciones de los españoles. En el último barómetro de CIS, de julio, los problemas de índole económica eran el primer motivo de inquietud para el 29,1%. Más de la mitad de los españoles (52,5%) sitúan la crisis económica entre sus tres preocupaciones preeminentes. 

La inflación, un mal europeo

En la zona euro, el IPC armonizado llegó al 9,1% anual en agosto –dos décimas más que en julio–, espoleado por el coste de la energía, cuya variación supera el 38%. Un mes antes, el BCE pronosticaba que la inflación anual cerraría 2022 en el 6,8% y que caería al 3,5% en 2023 y al 2,1% en 2024. Pero ¿se cumplirán esas previsiones?

A finales de agosto, Isabel Schnabel, miembro del Comité Ejecutivo del BCE, señalaba que la guerra de Ucrania y la inflación habían desencadenado un “aumento sin precedentes de la volatilidad macroeconómica”. En consecuencia, la volatilidad de la inflación se ha disparado “más allá de los niveles vistos en la década de los 70”. Para atajarla, Schnabel aboga por una respuesta “enérgica” del banco central.

¿La subida de tipos bastará?

El Banco de Inglaterra, que afronta una inflación del 10,1%, ha ido subiendo los tipos desde diciembre, hasta el 1,75% actual. Considera que la inflación seguirá subiendo en lo que queda de año, pero que se desacelerará en 2023 y “estará cerca del 2% dentro de unos dos años”. En la institución no creen que los precios de la energía y de los bienes importados sigan creciendo al mismo ritmo que en los últimos meses.

En la zona euro, Valentina Romei cuenta en el FT que los economistas son pesimistas y que la inflación seguirá alta durante más tiempo. El precio del gas, que se ha duplicado en un mes, se ve como un obstáculo difícil de sortear, de forma que “muchos economistas predicen ahora que la variación anual de los precios de consumo se acelerará del nivel récord del 8,9% de julio a más del 10% en octubre”. En consecuencia, prevén que la inflación de la eurozona sea no del 2%, sino del 4% en 2023. 

Respecto a España, Bankinter cree que la inflación bajará al 5,0% a final de año, y vaticina una variación del 3,3% el próximo año y el 2,0% el siguiente. En sus previsiones de julio, Funcas estimaba un 8,9% de inflación media anual para 2022 (7,9% en diciembre) y un 4,8% para el conjunto de 2023. El Consejo General de Economistas ha revisado recientemente sus previsiones: cifran en el 8,3% la tasa media anual del IPC para 2022, comparado con el 7,1% de mayo.

El Gobierno, por su parte, ha recibido con “prudencia y optimismo” la caída del IPC de agosto. La ministra de Economía y vicepresidenta primera, Nadia Calviño, aseguró ayer que la inflación seguirá descendiendo “los próximos meses”. Ojalá esté en lo cierto. Entretanto, la inversión inmobiliaria sigue brindando un buen refugio frente a la inflación

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