De cortijos a masías: por qué las fincas rústicas son el nuevo lujo inmobiliario
Last Updated on 7 enero 2026 by Equipo Urbanitae
Durante muchos años, el lujo inmobiliario en España se ha definido casi en su totalidad por las villas y pisos de diseño en zonas prime como Marbella, Madrid o Santander. Sin embargo, el bienestar, la naturaleza y la desconexión son otros de los aspectos más buscados actualmente por este segmento, desplazando el foco hacia caseríos, pazos o fincas rústicas.
Este renovado interés por el mundo rural no parece conformarse como una moda pasajera, sino como una visión sobre el patrimonio del campo como activo inmobiliario a tener en cuenta en el largo plazo. Contar con una vivienda en un valle, con vistas a una sierra, y rodeada de naturaleza y amplios espacios se ha convertido en un sinónimo del lujo silencioso, cada vez más buscado y codiciado, sea cual sea el tipo de segmento. Según el Consejo General del Notariado, esta tendencia está más que instaurada: durante el primer trimestre de 2025 se registraron más de 64.000 compraventas de fincas rústicas a nivel nacional, pero ¿a qué se debe este reciente interés?
Las fincas rústicas: rentabilidad y reconversión a usos turísticos
Teniendo en cuenta el limitado mercado del lujo en las ciudades, las propiedades a las afueras han ido ganando en importancia dentro de las carteras de los inversores inmobiliarios. Mientras el lujo urbano se mide en metros cuadrados y servicios, el lujo rural se mide en hectáreas, vistas y zonas naturales donde descansar y poder practicar deporte al aire libre. El ruido de la urbe y la monotonía unido al auge del teletrabajo ha generado que las fincas rústicas se conviertan en un refugio más habitual y menos relegado únicamente a las vacaciones.
Este tipo de activos muestran rentabilidades llamativas, entre el 5 y 10%, aunque esta cifra varía dependiendo del tipo de uso que tenga, ya sea urbanística o agraria. En el primer caso, lo más habitual en el mercado rural de alta gama para los inversores inmobiliarios es adquirir y, posteriormente, rehabilitar fincas abandonadas o en mal estado, con el objetivo de generar rentabilidad a través del uso turismo mediante el alquiler estacional o para eventos privados y retiros gastronómicos.
Teniendo en cuenta que la oferta de cortijos y los pazos señoriales en buen estado es limitada, los compradores suelen priorizar aquellas fincas o inmuebles que conserven ciertas calidades, como una arquitectura tradicional o rústica con materiales como la madera de roble, que les ofrezca una base con la que comenzar la rehabilitación. Esta puede hacer crecer el valor del inmueble entre un 30% y un 40%, según estimaciones de Idealista. En este sentido, uno de los retos más importantes a tener en cuenta son los permisos urbanísticos, para confirmar si es posible el uso residencial, agrícola o una combinación de ambos.
¿Qué atributos buscan los inversores en este tipo de activos?
Entre las principales razones que impulsan la adquisición de fincas rústicas de lujo se encuentran la búsqueda de mayor espacio y privacidad, el interés por actividades ecuestres, la práctica de la caza, la posibilidad de transformarlas en proyectos de hostelería o alojamientos turísticos, así como el creciente atractivo de la actividad agrícola. Cada vez más compradores internacionales muestran preferencia por fincas productivas con viñedos, olivares o almendros, atraídos por el potencial económico y el valor patrimonial de estos activos.
Por ello, los compradores suelen buscar propiedades que ofrezcan calidades superiores y equipamientos exclusivos. Entre las características más demandadas destacan cortijos o casas principales con sistemas avanzados de eficiencia energética, amplias zonas ajardinadas, piscinas infinity, establos profesionales, pistas de doma, bodegas privadas, casas de invitados, seguridad perimetral, acceso privado, así como instalaciones recreativas como lagos artificiales, cotos de caza bien gestionados o zonas habilitadas para eventos.
Mapa del lujo rural español y perfil del inversor
La diversidad de paisajes y la riqueza arquitectónica y gastronómica ofrece un escenario privilegiado para los inversores, especialmente para fondos de inversión, family offices y los compradores particulares. Aunque España sea conocido por su lado rural, existen varias zonas que concentran gran parte de esta demanda inmobiliaria.
A partir de los datos más recientes del Instituto Nacional de Estadística y de la plataforma Cocampo, el sector cerró septiembre con un aumento interanual del 2,1% en las compraventas y un incremento mensual del 25,6%. Además, la inversión total en fincas rústicas creció un 11% durante el primer semestre, impulsada por parcelas de menor tamaño, pero con un valor unitario más elevado.
El análisis interno de Cocampo también refleja un crecimiento del 26% en las búsquedas de fincas situadas cerca de grandes núcleos urbanos, mientras que el precio medio por hectárea anunciada subió un 9,3%, reforzando la tendencia alcista en propiedades con mejores servicios, accesos o usos recreativos. Por regiones, Castilla – La Mancha, Navarra y Andalucía son las comunidades más de moda en la actualidad. En esta última, Jaén, por ejemplo, registró una de las operaciones más relevantes del año, con la venta de una finca de caza y recreo de 607 hectáreas, valorada en tres millones de euros y situada en la zona de montaña de Sierra Morena. También, destaca también la Costa del Sol, con las zonas interiores anexas a Marbella o Sotogrande y donde cada vez está creciendo más el interés por el lujo rural.
Por otro lado, las masías, o casas de campo propias de Cataluña, concentran gran parte del interés del inversor, con un precio medio de 11.593 euros/ha. Las amplias parcelas y zonas cercanas al mar y al Pirineo han convertido a esta zona en uno de los epicentros de este segmento, al que se suma además Galicia, una región caracterizada por las casonas indianas o fincas y pazos señoriales que atraen a inversores interesados por la gastronomía y los paisajes naturales.