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¿Qué desperfectos pueden ocultar las viviendas de segunda mano?

En 2019, la vivienda de segunda mano representó más del 80% de total del mercado de compra-venta. Además de provocar una gran crisis sanitaria, la irrupción del Covid-19 en nuestras vidas está teniendo unas graves consecuencias en la economía e, inevitablemente, también afectan al sector inmobiliario.

Tecnocasa estima que durante los seis primeros meses de 2020 el precio de la vivienda cayó un 4,9%. Sin embargo, el Consejo General del Notariado apunta mientras que, si bien el coste de los pisos de segunda mano bajó en junio un 3,3% interanual, el de los inmuebles de obra nueva se alzó un 5%. Lo que puede ser una ventaja para aquellos compradores que estén pensado en adquirir una residencia usada, ya sea como vivienda habitual o como inversión.

Hace unas semanas os contábamos en otro post cuáles son las ventajas de este tipo de inmuebles y qué elementos debe valorar el comprador en las visitas precompra. Pero además de las reformas evidentes (pintura, carpintería, sanitarios, azulejos, ventanas…) pueden surgir otros desperfectos que, a priori, pasan desapercibidos.

Algunos de ellos, podemos incluirlos dentro de los vicios ocultos de la vivienda. Son aquellos que no somos capaces de detectar en esas primeras revisiones y que, a menudo, surgen una vez que nos hemos instalado. La normativa española establece un límite de seis meses para reclamar este tipo de desperfectos cuando la compra-venta de vivienda se realiza entre particulares. Tanto si se puede considerar un vicio oculto como si no, gracias a los expertos contamos con algunas pistas para detectarlos y evitarlos a tiempo:

Fontanería: La vida media de las tuberías oscila entre los 15 y 20 años. A partir de ese momento es habitual que se produzcan fugas o baje la calidad del agua debido a corrosión. Si la vivienda es muy antigua puede que el material utilizado en la instalación sea plomo o hierro, muy contaminantes y peligrosos para la salud.

Instalación eléctrica: En las viviendas con muchos años puede ocurrir que el cableado no cumpla con la normativa vigente o no esté preparado para soportar la demanda actual de energía (mucho mayor que hace 20 años).

Caldera: Los fabricantes de estos equipos establecen que la duración óptima de una caldera es de 10 años, aunque puede prolongarse hasta los 15 años en buenas condiciones. Si tiene más de 20 no tendremos más remedio que cambiarla, puesto que las reparaciones en equipos desactualizados no son rentables y hay muchas dificultades para encontrar piezas de recambio. 

Telas asfálticas: Las telas asfálticas que se utilizan para aislar terrazas y tejados tienen una duración estimada de 10 años, por lo que no está demás consultar cuándo ha sido la última vez que se han renovado.

Humedades: Las humedades concentran la mayoría de las demandas por vicios ocultos, porque en muchas ocasiones pasan inadvertidas en las visitas previas de los compradores. Aunque hay algunos detalles que pueden ser indicio de que ha habido una humedad previa. Por ejemplo, el hecho de que haya solo una habitación recién pintada. Además, si la casa está en contacto directo con el terreno las imperfecciones en la parte inferior de las paredes o en los zócalos de madera pueden ser síntoma de un exceso de humedad. En los sótanos, la pista nos la dan las burbujas de pintura o los olores fuertes. Los contornos de chimeneas, ventanas tipo Velux y antenas son las zonas críticas de los tejados, que pueden presentar una impermeabilización perimetral no apropiada, por lo que es aconsejable realizar una visita justo después de un buen chaparrón. Finalmente, las terrazas, especialmente aquellas que se sitúan sobre techos de la vivienda, requieren de un mantenimiento periódico. Así que no dudes en preguntar al propietario si lo ha realizado.

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