Europa tiene un problema peculiar: ahorra mucho, pero una parte muy elevada de ese ahorro permanece fuera de los mercados de capitales. Según la Comisión Europea, alrededor del 70% del ahorro financiero de los hogares de la UE –unos 10 billones de euros– se mantiene en depósitos bancarios.
Los depósitos cumplen una función importante: proporcionan liquidez y un nivel elevado de protección para el dinero que puede necesitarse a corto plazo. El debate europeo no consiste, por tanto, en sustituir el ahorro por inversión, sino en preguntarse si una parte mayor del capital destinado al largo plazo podría canalizarse hacia empresas, infraestructuras e innovación.
Ese es uno de los grandes objetivos de la Unión de Ahorros e Inversiones –Savings and Investments Union o SIU–, la estrategia que la Comisión Europea puso en marcha en marzo de 2025 y que desde entonces ha empezado a traducirse en medidas concretas.
Europa ahorra mucho, pero invierte de otra manera
La diferencia con Estados Unidos no se explica únicamente porque los europeos sean más reacios al riesgo.
Como señalaba El Confidencial, solo en España las familias mantienen más de un billón de euros en cuentas corrientes y depósitos. A ello se suma el importante peso de la vivienda dentro del patrimonio de los hogares.
Pero también existe una diferencia estructural en la forma de financiar la economía. Europa ha dependido tradicionalmente mucho más del crédito bancario, mientras Estados Unidos cuenta con mercados de capitales considerablemente más profundos.
Según The Economist, el valor conjunto de las bolsas de la UE equivale aproximadamente al 85% de su PIB, frente a cerca del 220% en Estados Unidos.
Esto importa especialmente para determinadas empresas. Una pyme tradicional puede financiarse mediante un préstamo bancario, pero las compañías innovadoras y de rápido crecimiento suelen necesitar también capital dispuesto a asumir más incertidumbre. La propia Comisión señala que las necesidades de inversión europeas afectan especialmente a pymes y empresas innovadoras que no pueden depender exclusivamente del crédito bancario.
¿Por qué quiere Europa movilizar ahora ese ahorro?
La magnitud del desafío es considerable. A partir del informe Draghi, la Comisión estima que Europa necesita entre 750.000 y 800.000 millones de euros adicionales de inversión cada año hasta 2030, antes incluso de incorporar plenamente el aumento reciente de las necesidades de defensa.
Ese capital debe financiar, entre otros ámbitos:
- transición energética;
- digitalización;
- innovación;
- infraestructuras;
- empresas en crecimiento;
- y nuevas necesidades estratégicas y de defensa.
El objetivo de Bruselas es conectar mejor el elevado volumen de ahorro europeo con estas necesidades de financiación. Como explica la estrategia oficial de la Unión de Ahorros e Inversiones, se trata de mejorar las oportunidades financieras de los ciudadanos y, al mismo tiempo, aumentar la capacidad de la economía europea para financiar inversión productiva.
No significa que los depósitos no financien la economía: forman parte del sistema bancario y permiten conceder crédito. Lo que Europa busca es complementar ese modelo con unos mercados de capitales más profundos y accesibles.
Qué está haciendo la Unión de Ahorros e Inversiones
La SIU se articula alrededor de varias líneas. Entre ellas están aumentar la participación de los particulares en los mercados, desarrollar las pensiones complementarias, facilitar la financiación empresarial, reducir la fragmentación entre mercados nacionales y avanzar hacia una supervisión más integrada.
Una de las medidas más directamente relacionadas con los particulares son las cuentas de ahorro e inversión –Savings and Investment Accounts o SIA–.
En septiembre de 2025, la Comisión recomendó que los Estados miembros desarrollaran cuentas sencillas para invertir en productos como acciones, bonos y fondos. El modelo propone distintos proveedores, facilidad para trasladar las inversiones, procedimientos fiscales simplificados e incentivos tributarios definidos por cada país. No se trata de una única cuenta europea que ya pueda contratarse en toda la UE, sino de un modelo que los Estados miembros deben adaptar a sus sistemas nacionales.
La educación financiera es la otra pieza. Menos del 20% de los ciudadanos europeos alcanza un nivel alto de alfabetización financiera, según los datos utilizados por la Comisión. Por eso, la SIU incluye también una estrategia específica para ayudar a comprender mejor ahorro, inversión, riesgo y planificación financiera.
Las pensiones, la otra gran reserva de capital
Hay una segunda diferencia fundamental entre Europa y Estados Unidos: cómo se financia la jubilación.
En países como Alemania, Francia, Italia o España predominan los sistemas públicos de reparto. Las cotizaciones de los trabajadores actuales financian las pensiones actuales, por lo que gran parte de ese flujo no se acumula en fondos invertidos en los mercados.
El contraste es enorme. Según The Economist, los fondos de pensiones estadounidenses gestionan alrededor de 43 billones de dólares, cerca del 140% del PIB. En la UE, el volumen se sitúa algo por encima de 5 billones, menos del 30% del PIB.
Las cifras oficiales europeas más recientes apuntan en la misma dirección: en 2026, los activos gestionados por proveedores de pensiones capitalizadas y fondos públicos de reserva equivalían aproximadamente al 32% del PIB de la UE, muy por debajo de Estados Unidos, Canadá o Australia.
Sin embargo, Europa presenta grandes diferencias internas. Países Bajos, Suecia o Dinamarca han desarrollado sistemas en los que una parte significativa del ahorro para la jubilación se acumula e invierte. The Economist destaca que los activos de pensiones rondan el 145% del PIB en Países Bajos y el 110% en Suecia.
El periódico plantea incluso que, si toda la UE alcanzara un volumen de activos de pensiones equivalente al estadounidense, el stock podría acercarse a 30 billones de dólares. Es importante entender esta cifra correctamente: se trata de un ejercicio hipotético, no de una previsión ni de un objetivo oficial europeo.
Europa quiere reforzar las pensiones complementarias, no sustituir las públicas
La Comisión está avanzando en esa dirección, aunque de manera bastante más gradual que la defendida editorialmente por The Economist.
En noviembre de 2025 presentó un paquete para reforzar las pensiones complementarias mediante mecanismos como la afiliación automática con posibilidad de renuncia, mejores herramientas para conocer los derechos acumulados y reformas de los planes de empleo y del Producto Paneuropeo de Pensiones Individuales –PEPP–.
La distinción es importante: la Comisión plantea estos sistemas como complemento, no como sustitución de las pensiones públicas.
El objetivo es doble. Por una parte, ampliar el ahorro destinado a la jubilación. Por otra, crear una mayor reserva de capital de largo plazo que pueda invertirse en acciones, bonos, infraestructuras, empresas privadas u otros activos.
Movilizar el ahorro no basta: hacen falta oportunidades en Europa
Existe además una dificultad adicional. Conseguir que los europeos inviertan más no significa automáticamente que ese dinero vaya a financiar empresas europeas.
Un fondo de pensiones o un ahorrador que busca diversificación puede invertir en Estados Unidos, Asia o cualquier otro mercado. De hecho, esa diversificación internacional puede ser razonable desde el punto de vista del inversor.
Por eso, la SIU tiene que actuar también sobre la oferta: Europa necesita mercados más integrados, empresas capaces de crecer, un ecosistema de capital riesgo más profundo y suficientes oportunidades para competir por ese ahorro.
Esta es una de las ideas centrales de los dos análisis de The Economist: crear más capital institucional europeo solo tendrá un efecto limitado sobre la economía de la UE si las mejores oportunidades siguen encontrándose fuera.
Ahorrar e invertir cumplen funciones diferentes
Desde el punto de vista de cada hogar, existe un último matiz fundamental.
Que Europa necesite movilizar más capital no significa que todas las personas deban invertir todo su ahorro. El dinero reservado para emergencias, gastos próximos o necesidades de liquidez cumple una función distinta y no debería exponerse a riesgos incompatibles con ella.
La inversión entra en juego con aquella parte del patrimonio que puede mantenerse durante más tiempo y asumir fluctuaciones o posibles pérdidas a cambio de buscar una mayor rentabilidad.
Por eso, la cuestión no es simplemente convertir ahorradores en inversores. Es facilitar que quienes pueden y quieren invertir dispongan de mejores herramientas, más formación y mercados más accesibles y eficientes.
Europa ya tiene una enorme capacidad de ahorro. El reto de la Unión de Ahorros e Inversiones es conseguir que una parte mayor del capital destinado al largo plazo contribuya también a financiar crecimiento, innovación e infraestructuras. Para lograrlo, no bastará con cambiar los hábitos de los hogares: tendrán que cambiar también los mercados, las pensiones y las oportunidades que la propia Europa sea capaz de ofrecer.




