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En equity inmobiliario no basta con mirar la TIR: el hurdle define cuándo cambia el reparto de beneficios y cómo se alinean inversores y promotor.
Sabemos ya que la cascada de pagos es uno de los aspectos más relevantes de un proyecto de equity inmobiliario. No tanto porque definan cómo se reparten los beneficios generados en una determinada operación, sino por la manera en que alinean los intereses de inversores y promotores.
En efecto, el reparto nos habla de la rentabilidad, como ocurre con la TIR preferente, pero, sobre todo, de lo que tiene que pasar para que los actores principales reciban su parte del pastel y cuánta.
Ahí es donde entra en juego un concepto clave, aunque no siempre se nombre explícitamente: el hurdle. Entenderlo bien es fundamental para interpretar correctamente una oportunidad de inversión.
Un hurdle es, en esencia, un umbral de rentabilidad a partir del cual cambia el reparto de beneficios entre inversores y promotor.
Dicho de forma sencilla: Marca el punto a partir del cual el promotor empieza a participar más en el beneficio.
Este concepto suele aparecer dentro de la llamada cascada de pagos (waterfall), que define el orden y las condiciones en las que se distribuyen los retornos de un proyecto.
Lo importante es entender que el hurdle no es una fórmula única. Puede adoptar distintas formas:
En todos los casos, su función es la misma: alinear los incentivos entre inversores y promotor.
Uno de los errores más habituales es identificar el hurdle con la TIR preferente (preferred return). Aunque están relacionados, no son equivalentes.
En muchos proyectos, ambos coinciden. Pero no siempre.
Puede haber estructuras con TIR preferente y también estructuras con hurdle sin TIR preferente. A menudo ambos conceptos aparecen juntos, pero no son exactamente lo mismo.
En una estructura típica de equity, la cascada de pagos podría seguir este orden:
El hurdle aparece precisamente en esos tramos: es el punto que determina cuándo se pasa de un nivel a otro.
Un buen ejemplo para entender este concepto es el proyecto Villa Alhambra, estructurado en la plataforma de Urbanitae.
En este caso, la estructura no incluía una TIR preferente. En su lugar, se definía un hurdle del 15% con el siguiente funcionamiento:
Esto tiene varias implicaciones importantes:
Es decir, el hurdle no implica aquí cobrar primero, sino cambiar las reglas del reparto a partir de cierto punto.
Desde el punto de vista del inversor, el hurdle tiene un impacto directo en la rentabilidad final.
No es lo mismo:
En el caso de Villa Alhambra, por ejemplo, la estructura:
Esto genera una alineación clara: el promotor gana más si el inversor gana más.
Cuando analices una oportunidad de equity, más allá de la TIR estimada, conviene fijarse en tres elementos:
Estos factores determinan cómo se distribuye realmente el valor creado por el proyecto.
El hurdle puede parecer un concepto técnico, pero en realidad responde a una lógica muy simple: definir cuándo y cómo se reparten los incentivos.
En inversión inmobiliaria de equity, no basta con que un proyecto genere rentabilidad.
También importa quién se queda con qué parte… y en qué momento.Por eso, entender la cascada de pagos –y el papel del hurdle dentro de ella– es una de las claves para invertir con criterio.