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La construcción presume de alta tecnología

Aunque la transformación digital ha tardado en llegar al sector inmobiliario, los avances son más notables de lo que a veces creemos. No hay más que fijarse en el crecimiento del proptech, la ubicuidad de los data centers o el éxito de los iBuyers. Pero hay mucha tecnología, también, en la propia construcción. 

De hecho, el propio hormigón se está modernizando. Y es que unos investigadores de Singapur han logrado crear este material de construcción sin arena. En su lugar, han utilizado una materia prima mucho más abundante: cristal reciclado. El resultado, por ahora, es un banco de unos 40 cm de altura, fabricado mediante impresión 3D, que cumple todos los estándares. 

En su informe Transform with technology la consultora JLL recoge otras innovaciones que cambiarán tu perspectiva del sector inmobiliario, que complementamos con otros avances más prosaicos. El hormigón, ese material cuyos orígenes se remontan a los mayas, vuelve a ser protagonista en este listado, y por razones distintas a las ya avanzadas…

Grafeno

Este material, consistente en una capa de átomos de carbono organizados de forma hexagonal –con estructura de panal– es considerado uno de los más fuertes de todo el universo. Según JLL, su resistencia es 100 veces la del acero. Además, es transparente, flexible, impermeable y conduce la electricidad. Su uso en la elaboración del hormigón podría mejorar la sostenibilidad de la industria. No es de extrañar que sus descubridores, dos científicos de la Universidad de Manchester (Reino Unido), fueran galardonados con el Premio Nobel de Física en 2010.

Firma electrónica

De nuevo, esta tecnología es moneda corriente en muchos ámbitos de la economía y el día a día. La premisa es muy simple: firmar documentos relevantes –como la contratación de un seguro– sin tener que desplazarse y con la misma fiabilidad o más que en persona. Todo el que conoce de cerca el mundo inmobiliario sabe que las firmas son una parte muy relevante de casi cualquier transacción. Por eso, la aplicación de la firma electrónica ofrece muchas ventajas. Además de ser digital y online, brinda más seguridad, ya que permite registrar cuándo y dónde se firmó un documento; también es más eficiente en tiempo y en recursos, ya que evita enviar y recibir documentos.

Hormigón marciano

Antes de nada, hay que aclarar que el apellido de este hormigón no radica en su proveniencia. Refleja, más bien, una característica importante: su producción no requiere agua, lo cual es muy conveniente si algún día construimos algo en Marte. En su lugar, se emplea azufre. Aunque no aún en el planeta rojo, el hormigón marciano ya se usa en áreas como la fontanería o el paisajismo. Cuenta JLL que, sometido a la gravedad marciana –un 38% de la terrestre– ha probado ser igual de resistente que el hormigón convencional. Y, además, solo tarda dos horas en fraguarse, en lugar de 28.

Construcción ‘offsite’

La idea no es del todo revolucionaria: todos hemos visto edificios modulares generalmente destinados a usos temporales. Sin embargo, la construcción offsite o fuera del sitio tiene que ver más con la aplicación de técnicas modulares y otras para lograr edificios permanentes. En esencia, se trata de adelantar el máximo trabajo posible para que la construcción propiamente dicha consista más bien en el ensamblaje de elementos que en la edificación desde cero. Aquí intervienen técnicas como el ya mencionado BIM e incluso avances como la impresión 3D. Este enfoque tiene mucho recorrido aún, pero para ver su potencial basta admirar la construcción, en la ciudad china de Changsha, de este edificio de diez pisos… en poco más de 24 horas.

Fabricación digital

La impresión 3D, también conocida como fabricación adititva, es la depositación –controlada por ordenador– de materiales en capas para crear objetos tridimensionales. No hacía mucho parecía ciencia ficción, aunque comenzó a desarrollarse en los años 70 y 80 del pasado siglo. Desde 2005, las impresoras 3D han ido apareciendo en cada vez más hogares. Y en la construcción, ¿cuál es su uso? Pues la fabricación de materiales o la impresión de edificios enteros. Combinada con la metodología Building Information Modelling (BIM), que digitaliza todo el proceso, podría marcar pronto la diferencia en la construcción en entornos peligrosos o como impulsora de la sostenibilidad.

‘Big data’

Los grandes datos son otro de esos invitados que cada vez aparece en más reuniones… En realidad, la información masiva no es, en sí, una tecnología: sí lo es la capacidad de recogerla y, sobre todo, de extraer de ella conclusiones relevantes. En el mundo del real estate, esto se traduce en disponer de mejores datos para decidir, por ejemplo, dónde promover un residencial de obra nueva. Los análisis basados en big data permiten obtener datos precisos y en tiempo real sobre el nivel de precios o de delincuencia en un determinado barrio. También están detrás de los modelos de valoración automática de inmuebles (AVM, por sus siglas en inglés), que calculan el valor de una propiedad en un momento concreto a partir de la información de diferentes bases de datos. 

Hipercélulas

Volvemos, casi, al terreno de la ciencia ficción. JLL se pregunta si los edificios pueden construirse solos y se contesta: podrían. Las llamadas hipercélulas son cubos robóticos que cambian de forma y pueden moverse en cualquier dirección. Cada una contiene un chip que le permite conocer su entorno y comunicarse con otras células. Así, podrían emplearse para transformar espacios “en cuestión de segundos” y adaptar un edificio a las necesidades cambiantes del momento, por ejemplo, a los espacios híbridos de trabajo.

Internet de las cosas

Las cifras son mareantes: unos 18.000 millones de dispositivos conectados en todo el mundo mediante internet de las cosas, según Ericsson. No es de extrañar que alguno de ellos funcione en el ámbito inmobiliario. Pero empecemos por el principio: el internet de las cosas no es sino un conjunto de sensores, ordenadores y dispositivos inteligentes integrados y conectados entre sí y a una nube con el objetivo de recoger, analizar y compartir datos. En el ladrillo, las aplicaciones van desde la automatización de la construcción a los contadores inteligentes, pasando por la medición del consumo energético, la seguridad o el mantenimiento optimizado de edificios.

Materiales autolimpiables

Como destaca JLL, este tipo de compuestos parece idóneo para tiempos pandémicos. Las superficies autolimpiables pueden eliminar restos o bacterias de diferentes formas. Se inspiran en la naturaleza, como las patas de las salamanquesas o las hojas del loto. Ya se estudian aplicaciones, por ejemplo, en el desarrollo de hormigón autolimpiable: introduciendo materiales como el óxido de zinc o de titanio se podría acelerar la descomposición de partículas orgánicas en su superficie, manteniéndola limpia y reduciendo los costes operativos. 

‘Fibrabots’

De nuevo, JLL nos pone ante un futuro que ya es casi presente: enjambres de robots que trabajan juntos para producir material de construcción. Se trata de robots muy sencillos, limitados, pero que, juntos, son capaces de llevar a la práctica un diseño sin ayuda. Los fibrabots están especializados en producir fibra de vidrio, y están siendo desarrollados en el MIT.

‘Blockchain’

La cadena de bloques también tiene su lugar en el sector inmobiliario. Además de posibilitar la compra de activos virtuales en el metaverso, el blockchain tiene potencial para mejorar la eficiencia de las transacciones y mejorar la transparencia. Así, puede emplearse –ya se ha hecho– para pagar por propiedades con criptomonedas u ofertas iniciales de monedas (ICO, por sus siglas en inglés). Pero también para convertirse en propietario de un pedazo de inmueble –algo de lo que sabemos en Urbanitae– en rentabilidad, con empresas como Lofty AI. 

Impresión 4D

Cerramos este sorprendente catálogo con un paso más en el mundo de la impresión. La cuarta dimensión que explica ese 4D estaría en el ambiente. Es decir, la impresión 4D consistiría en fabricar objetos mediante impresión 3D pero capaces de reaccionar a variables externas, como la temperatura, para modificar su estructura o incluso autoensamblarse. JLL dice que esta técnica está aún en fase experimental, pero que tiene potencial para crear un “entorno de oficina más adaptable”.

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